viernes, 6 de agosto de 2010

TESTIMONIO: PERÚ, MI PAÍS

¿Por qué amar al Perú?
Por Bruno Cepeda

¿Por qué debemos amar al Perú como nuestra patria? Esta sencilla pregunta ingresa al terreno de lo insondable cuando escrutamos fríamente nuestra nación. A ver, veamos: corrupción política y social en todos los niveles. Sí, encontramos planillas falsas en el congreso, aceitadas de don Bieto y el ratuja de Rómulo (de quien dicen se parece a mí: sólo físicamente ¡por Dios!) ventas de terrenos (Omar y Martín), come pollos, mata perros, roba luz… y toda la corte de improvisados padres de la patria (todos integrantes de esas inmensas faunas y grupetes de amigos mal llamados Partidos Políticos. Créanme: un mal necesario de la democracia). Pero si creemos que la corrupción es un mal propio de nuestra política, veamos los casos de corrupción anónima de todos los días: lo fácil que es eludir un policía cuando detiene a un microbusero: toma dos soles y déjanos tranquilos; hijito, dile al cobrador que no estoy; la señora me estaba guardando la cola, se lo juro; esos cien soles del suelo son míos, se lo juro por mi madrecita… Pero oiga, todo eso lo permitimos nosotros, nadie más. Es nuestra moral la que lo permite…
Del tránsito vehicular desastroso en las principales ciudades, incluso Trujillo, también podemos hablar. Creo que somos el único país del mundo donde se ha institucionalizado la ley del vivo (sobre todo para los taxistas, colectivos y combis). Es decir, si yo puedo pasar por encima de ti lo hago, no respeto las leyes ni las preferencias, por eso soy taxista y a mucha honra… además, rememoremos lo fácil de transitar por las calles o cruzar una pista. Nuestro tránsito no está hecho para las personas de a pie. Está hecho para que cada día haya más muertes. Ni hablemos de los imprudentes choferes nocturnos que, embebidos de alguna pócima espirituosa, terminan viajando a la eternidad como decía Roberto Blades: “El borracho está convencido que, a él, el alcohol no le afecta los sentidos…”
Ya no existe partido de fútbol sin disturbios por las benditas pandillas. Estos energúmenos (muy valientes ellos en grupo, pero cuando están solos son incapaces de hacer nada) si su equipo gana, destruyen todo a su paso para demostrar que son los mejores. Si su equipo pierde, también destruyen todo a su paso para mostrar su ira y su desfogar sus pasiones contritas… Es decir, ganen o pierdan, los únicos jodidos somos nosotros quienes debemos aguantar sus devaneos violentistas. Además, la mayoría de ellos, aprovechan los desmanes para robar o para asesinar impunemente a cuanto inocente se cruce en sus caminos. ¡Es triste que mis intereses personales primen sobre los de los demás, aunque sea a la fuerza!
¿Se han dado cuenta que, hace varios sorteos y meses, los ganadores de la Tinka ya no se identifican? Son los bancos los que cobran los premios. Si te ganas la Tinka, no podrás identificarte porque al día siguiente, recibirás por lo menos dos o tres cartas, con una bala cada una, para que pagues un cupo antes que alguien de tu familia salga perjudicado. Estoy seguro que hasta la asociación de deudos de los ajusticiados por la policía, sí esos mismos que reclaman a la justicia por el asesinato de sus pobres angelitos a manos del Escuadrón de la Muerte y enemigos acérrimos de Elidio Espinoza, estarán pidiendo al congreso que los ganadores de lotería sean debidamente identificados, con su número de teléfono, dirección y lista de familiares (Es que les están malogrando el laburo)… es el colmo, hasta los delincuentes, chantajistas y estafadores exigen derechos…
Los jóvenes de esta nueva generación no entienden la diferencia entre evolución y revolución (escucharon decir que la revolución es violenta y lo entendieron como cruenta, cuando la acepción de la palabra es vertiginosa o rápida). Por ello, la violencia se ha convertido en una faceta lamentable de los jóvenes. No hay respeto a la vida y la muerte, es el resultado de la influencia de los medios de comunicación y sobre todo de la televisión que se nos vende hoy en día (así, literalmente debido a las empresas de cable). Los de mi edad, recuerden las series y héroes que teníamos: Superman, Spiderman, Batman, los magníficos, el auto fantástico (nadie moría). Pero la generación violenta cree que si te matan, después puede buscar las 7 esferas del dragón y te resucitan como si nada. No es lógico… en todas las series modernas hay muertos… (bakugan, dinorey, y Ben 10 que mata alienígenas como si nada.
Podríamos seguir enumerando situaciones y razones por las que no debemos amar al Perú: Informalidad económica y social, piratería, mediocridad profesional y una educación en el más completo desastre por obra del Gobierno Central y del SUTEP (que hasta ahora han demostrado no servir más que para dejar al país en el último lugar educativo de América y uno de los cuatro últimos del mundo según las pruebas PIA). Del fútbol, mejor ni hablamos…
Qué razones personales encontramos para amar al Perú. ¿Acaso debemos amar este país, por los éxitos musicales de Gianmarco; por el título mundial y las tres defensas exitosas de la boxeadora Kina Malpartida; por los éxitos de las chicas del Vóley, los golpes y bailecitos de Maicelo y por hasta por la performance internacional de Delly Madrid en México?
La respuesta es NO, rotundo y elocuente, y en lo que tiene de negativo. Si analizamos fehacientemente las razones para no amar al Perú, encontramos que todas, todas son acciones de personas que habitan este territorio llamado Perú; pero ninguna es resultado de la acción de patria. La patria no nos ha rechazado, la patria no se ha portado mal con nosotros, la patria no es la que come pollos, la que aceita funcionarios, la que mata perros a balazos o la que roba luz… la patria no es aquella que irrespeta las reglas de tránsito o rompe las lunas, las puertas y hasta la crisma de los hinchas del equipo contrario. Mi patria, el Perú, no sólo está compuesto de personas; está compuesta por Montañas preciosas y mágicas (llenas de misticismo y respeto ancestral), ríos caudalosos que son la admiración de diversas latitudes poblacionales, ciudades imponentes (ancestrales y modernas) como fruto del esfuerzo e intelecto de sus pobladores. Mi patria posee una cultura milenaria y es una de las más variadas del mundo. Mi patria es multilingüe y pluricultural, respira cultura por todos sus poros, en todas sus ciudades y en todos sus centros poblados. Posee una riqueza exuberante en materia de fauna y flora que la sitúa entre las más abundantes del planeta. Por eso debemos conocerla de cerca para aprender a amarla.
Pero esta territorialidad ubérrima e imponente se complementa con las razones que nacen de las condiciones humanas. ¿Encontramos razones suficientes, en las acciones humanas, para amar a nuestro país? SÍ, en las acciones diarias de miles de luchadores anónimos. Ciudadanos de a pie que trabajan sin descanso para llevar el pan a sus hogares. Gente como tú o como yo que se resisten a la mediocridad. Gente que no es famosa por aciertos o desaciertos, sino que es anónima y que encuentran en el anonimato la fuerza necesaria para construir una nación. Padres y madres que aman a su país a partir de los hijos que engendran. A partir de los hijos que crían, de los hijos que forman con amor y mano dura.
Seres humanos, comunes y corrientes que no necesitan falsificar, robar, aceitar, violar, matar y hasta sumirse en la estupidez lúdica de algún alucinógeno… Seres humanos que luchan diariamente y que gracias a ese esfuerzo, nuestro país no se detiene. Gente que vemos sonreír en las calles, gente que viste a su modo y no a la moda porque su papito es quien se lo gana. Esa gente no proyecta una patria figuretti, una patria de plumas y lentejuelas; esa gente es la que forma la verdadera patria que yo amo, la patria anónima que sufre, ríe, canta y enamora. Esa es la patria que yo amo, esa es la patria que llevo en el corazón. La patria que me acompaña y me acompañará hasta el final cuando no sea más que un lejano recuerdo en las mentes de miles de alumnos a quienes ayudé a conquistar sus sueños… Esa es mi amada patria… ese es mi Perú…