INFOLECTURA invita a palpar la belleza: conjunto de recitales poéticos y patéticos en el Bohemios café bar.
domingo, 22 de agosto de 2010
FECHA 36: de salvadores y espontáneos
domingo, 7 de febrero de 2010
POESÍA, ME ENAMORÉ DE TI ¿Y QUÉ?
Adelantados a estas fiestas del sentimiento, la semana pasada los poetas se enredaron en los amorosos lazos de Cupido. Y así, padeciendo el germen del más infectocontagioso romanticismo, Poesía de Miércoles presentó a Miguel Urbina –Ex Miki Gates-, a Julio Espinoza –El Poeta Bonaerense- y a Aquiles Cabrera, más conocido como Gustavo Adolfo Beiker, quienes nos deleitaron en la última edición de los recitales del Chaska. Versos descarnados y febriles, de heterogénea factura, pero de una profunda vena emotiva aderezaron la velada que contó con un lleno total; sin embargo, antes del idílico plato de fondo -que resultó un opíparo banquete- se proyectó el video arte: Trujillo, la Capital de la Cultura del artista David Hoyos. Allí, en ágiles y veraces imágenes, para dirimir si Trujillo es realmente la Capital de la Cultura, los burócratas enquistados en los puestos de gestión respondieron que sí, y los artistas sabedores del asunto –pintores, músicos y escritores- que no. Por algo será: unos que sí, otros que no: qué peruanidad. Ameno, revelador el documental preludió a la poesía y luego de recibir la justa salva de aplausos, la mesa de lecturas se pobló por fin de los duendes de la Palabra.Pimero en pisar el paredón: Miguel Urbina. Luego de arrastrarse por los sinuosos senderos del más desenfrenado materialismo, retornó al arte y al periodismo, sus luminosos y virginales orígenes. Ahora podemos verlo todos los días informando impecablemente desde el noticiero del Canal 35, pero ésta era una noche supremamente feeling así que fue su alter ego, Ex Miki Gates, quien apareció. Ducho en presentaciones públicas, con buen talante y no exento de talento, dejó navegar en el éter el deshilachado discurso de sus amores nadíos: la verdad duele/ te anestesias con mentira/ y calmas la verdad con cinismo/ El sincero engaño: lo que llamas realidad. Tanto la crudeza de lo dicho como el arte al entonarlo le granjearon la aprobación del respetable. Salva de aplausos. (Palmas apristas incluidas). Le siguió El Poeta Bonaerense, Julio Espinoza, quien, aunque de manera convencional, recreó en versos ingenuos y universales las cuitas de amor que aquejan al alma humana donde quiera que ésta exista; y donde quiera que ésta ame, sufrirá, fue su axioma. Aplausos igual. Asintiendo con indulgencia Cupido le lanzó una saeta aprobatoria, pero no se clavó en el pecho del susodicho sino en plena oreja de Aquiles Cabrera, quien fuera presentado equívocamente como Gustavo Adolfo Bécquer, cuando su verdadero seudónimo es Gustavo Adolfo Beiker, (por la conocida criminal estadounidense Ma Beiker, su tía). Aquiles, al igual que el guerrero griego, se lanzó al océano de la Poesía sin ninguna previsión, sin ningún salvavidas, sin ningún escudo, a puro pecho, y fueron sus propias palabras las que lo mataron. Porque muerto es el hombre que camina una legua sin amor -dicen los dioses- y durante los milenios que duró su doliente, platónica adolescencia Aquiles saboreó sólo los dulces besos del... ensueño. Luego de estas disgresiones confesionales, llegaron los años viriles y la Poesía le dio a su espíritu carne para sentir, coraje para vivir y versos para escribir. Los que no estuvieron nada mal, considerando que Gustavo Adolfo Cabrera se conducía por las rimas con la misma facilidad con que Meteoro en el Mac 5. Así que llegó a la meta con el áura de un campeón y -como debe ser y siempre es en Poesía de Miércoles-, con su gloriosa lagrimilla incluida. Varias en su caso. Más talento, más talante y más aplausos.
Finalizaron los apocalípticos vates Beto Barriga y Luis Núñez con rugientes poemas que asustaron al invisible Cupido. El ánima del dios rápidamente se introdujo en el cuerpo del barman quien infestado de amor regaló cerveza a todos los presentes jurando que haría lo mismo cada semana. Lo juró. Y se lo creemos. ¡Oh Poesía, Tú nos bendices!

El público de miércoles, como siempre, abarrotó el Chaska en busca de salvación.
sábado, 30 de enero de 2010
NOVENO LATIDO: Y SEGUIMOS VIVOS
Como cada miércoles a las siete y media, el Chaska se llenó de entusiastas y curiosos. Se realizaría la presentación de los poemarios Meditaciones de un Oso caminante y Elogio a la Señora del Manto Oscurecido, del poeta y catedrático Juan Paredes Carbonell. Sacerdote expositor: el aeda nacido en Sullana, nacionalizado trujillano, Juan Félix Cortez. En un ambiente bullicioso y expectante, los libros -publicados por la editorial OREM-, se empinaban erectos sobre la mesa; el editor Óscar Ramírez, auscultando su aventura literaria, miraba un punto neutro en la oscuridad y el maternal fulgor de las velas acariciaba los rostros. La noche era plena, las invisibles musas dejaban sentir su inspiradora presencia, sin embargo, luego de la bienvenida y de la presentación, Juan Félix Cortez, fiel al exceso de palabras, extendió las suyas más allá de lo que el límite de la atención puede permitir. Por suerte, Paredes Carbonell, veterano en didácticas lides y conciente de la situación, fue al grano con su discurso poético: La muerte es como un millón de orgasmos, declaró. (Así quién no quiere morir, pensamos todos). La lectura de sus versos -filudos, filosóficos- fue bien recibida por el público que se apretaba en la sala, y mientras el escritor chimbotano Ricardo Ayllón -de juerga por Trujillo-, tomaba por asalto la mesa de lecturas, se repartieron ingentes bocaditos y se brindó con vino tinto por el magno evento.
Como pocas veces en un recital de Poesía, los niños caminaban por los pasillos, un ramillete de bellas damiselas cuchicheaban expectantes aguardando aparición de su favorito, hasta creo haber visto a un perro callejero husmeando por entre las patas de las sillas. Amables señoras nos atendían a los poetas y los libros parecían a punto de volar como mariposas. Era una feria. Era lo inesperado. Era la Poesía.
Tras un exceso de preámbulos Ayllón por fin cantó lo suyo y, finalmente, el escenario quedó en manos de una secta de poetas bebedores de sangre de vírgenes a la medianoche: Piel de Camaleón. Tenían previsto un breve recital que culminaría con dos performances: Mece al bebé y La puta y el loco. Como primero se leerían los versos, Walter Toscano, Eder Velásquez, Johathan Alvarado y Rubén Aguilar salpicaron unas leves llamaradas de sus creaciones, pero en plena lectura de sus poemas se cortó el fluido eléctrico. Afortunadamente, en ningún momento reinó la oscuridad. Al contrario la mesa de lecturas cobró un nuevo protagonismo: las velas que el poeta César Olivares enciende ritualmente cada miércoles en la noche, mantuvieron la iluminación y delinearon los objetos en una atmósfera inquietante. Ahora sólo se podría realizar una de las dos performances, (la más santa y decorosa, por supuesto): La puta y el loco. Eder Velásquez inició un discurso cínico, convencional e institucional cuando desde las sombras, vestido de negro, Walter Toscano, el loco, el viudo, el sin alma, arremetió contra él y lo mató.
Luego se arrastró hasta un rincón de la sala y frente a la imagen de una mujer que parecía Sarita Colonia preparada para ir a un concierto chicha -pintarrajeada con sobredosis de cosméticos y ataviada de sensuales muselinas-, le imprecó las maldiciones de su destino de poeta... y lloró. Era Ella. Era la Poesía. Esa traidora.
El rudo y poderoso cuentista Jorge Tume dejó escapar una tímida lagrimilla, Beto Barriga -el poeta del Apocalipsis- sacando el pañuelo de su bolsillo corrió hacia el baño con el rostro desencajado y los aplausos no se hicieron esperar. Poesía de Miércoles había culminado con otra de sus deliciosas e inesperadas ediciones.
Se abrió el bar, los amigos de Lo Bello se abalanzaron en sedienta avalancha, y entre flashes, apretones de mano y conmovedoras despedidas, les empezaron a brotar delicadas alas a los poetas que, luego de unos cuantos brindis, levantaron vuelo hacia sus mundos de ensueño a seguir jugando, cantando y amando.
Pobechitos.